La artrosis de hombro es el tipo de desgaste articular más frecuente en esta articulación y, aunque menos común que la artrosis de rodilla o cadera, puede afectar mucho la calidad de vida. No es solo “algo del envejecimiento”: hay factores de riesgo específicos que aceleran el desgaste y que en parte pueden modificarse o vigilarse.

El cartílago articular recubre los extremos óseos dentro de la articulación y permite que se deslicen con baja fricción. En la artrosis, ese cartílago se adelgaza, se fisura y en etapas avanzadas puede desaparecer, dejando hueso exposado que roza con hueso. El resultado es dolor, rigidez, pérdida de movimiento y, en casos muy avanzados, deformidad.

Los factores que aumentan el riesgo incluyen lesiones previas del manguito rotador no tratadas (la ruptura crónica del manguito es una causa importante en adultos jóvenes y de mediana edad), luxaciones repetidas, años de sobrecarga laboral o deportiva y predisposición familiar. En etapas leves y moderadas el abordaje suele ser conservador: fisioterapia, antiinflamatorios, infiltraciones con corticoide o ácido hialurónico cuando procede y ajuste de actividades. Cuando el daño es muy avanzado, con dolor grave y función muy limitada, la prótesis de hombro puede ofrecer resultados muy satisfactorios.

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Clave práctica: No confundir «dolor por uso» con artrosis: el estudio y la exploración definen el estadio; cuanto antes acudas, más opciones suele haber antes de la prótesis.