El hombro congelado es una de las condiciones que más pone a prueba la paciencia del paciente y del médico. La recuperación no es rápida ni lineal, y muchas veces el paciente siente que no avanza. La buena noticia es que la gran mayoría de los casos —entre el 85 y el 90%— tiene una resolución satisfactoria sin cirugía cuando el tratamiento conservador se aplica correctamente y con constancia.

El pilar del tratamiento conservador es la fisioterapia especializada en hombro. No es solo aplicar calor y hacer unos pocos ejercicios: un programa bien diseñado incluye movilizaciones articulares progresivas por parte del fisioterapeuta, ejercicios de automovilización en casa, estiramiento de la cápsula posterior cuando corresponda y fortalecimiento progresivo a medida que el dolor lo permite.

Las infiltraciones intraarticulares con corticosteroides son una herramienta farmacológica muy efectiva en hombro congelado. Inyectadas directamente en la articulación —de preferencia guiadas por ultrasonido para máxima precisión— reducen la inflamación de la cápsula, disminuyen el dolor y permiten que el paciente participe mejor en la fisioterapia. Suele bastar con una o dos infiltraciones con varias semanas de diferencia. La hidrodistensión —inyección de líquido para distender la cápsula— es otra opción con evidencia favorable en rigidez severa.

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Clave práctica: La cirugía es la excepción; lo habitual es combinación inteligente de fisioterapia, control del dolor e infiltraciones guiadas cuando hacen falta.